jueves, 18 de junio de 2009

Boda de Santos, ¿non sancta?

Dado que el poder es precisamente para poder, prevalidos de semejante instrumento dos personajes de la vida social colombiana han logrado cristalizar una de las mayores utopías, cual es la de estar —al menos a su manera— por encima del bien y del mal.

Es probable que así lo piensen y lo disfruten hoy Enrique Santos Calderón, flamante director de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y miembro de la cúpula del diario "El Tiempo" de Bogotá, y Gina Benedetti, quien aproximadamente ocho años atrás era la esposa de su hermano, el empresario de espectáculos Felipe Santos Calderón, y que hoy es la rutilante y aplaudida cónyuge del primero de ellos.

La novia y el novio durante la ceremonia.

La noticia sobre el enlace entre Enriquito, como se le conoce entre sus más allegados, y Gina trascendió por estos días cuando la revista "Caras", del Grupo Ardila Lülle, también propietario de la cadena radial RCN y del canal homónimo de TV, informó acerca de esta "boda secreta".

Después de la muerte de Michael Jackson, la boda de Enrique Santos Calderón se constituyó en la segunda noticia en importancia para la Revista Caras.

Por muchos años en los corrillos de la sociedad se mencionó el hecho de que los hermanos Enrique y Felipe dejaron de verse las caras a raíz del cambio de rol de Gina dentro la familia Santos Calderón. En verdad, en medio de la modernidad y de la liberación de las costumbres, todo puede pensarse, menos que un hermano se quede con la mujer del otro, lo cual, francamente, no deja de tener cierta connotación incestuosa.

Por lo mismo, hecho curioso durante la ceremonia, celebrada dentro de la mayor reserva y con asistencia de los más íntimos, fue la presencia del propio Felipe Santos, quien, desde luego, se apareció con quien presuntamente es la pieza de repuesto a su suerte de haber quedado sin Gina: Con Sandra Escobar.

En materia femenina siempre bien acompañado, Felipe Santos llegó con Sandra Escobar. Ahora sus hijas son las hijastras de su hermano.

De esposa, Gina Benedetti pasa a ser la cuñada de Felipe Santos. Al mismo tiempo, de ser cuñada de Enrique Santos, se convierte en la mujer del hermano de su anterior esposo, que en adelante será su cuñado. A la sazón, sus sobrinos políticos son ahora sus hijastros. Con el cambio de catre y de parejo, quienes conservan su puesto en el contexto familiar son sus suegros, ya fallecidos, Enrique Santos Castillo y Clemencia Calderón, que deben estar santiguándose.

Según se entiende por la revista, al momento de estas líneas los contrayentes —y ahora excuñados— seguramente deben estar exhaustos y entrepiernados, disfrutando en algún lugar de la exuberante y misteriosa África.

Aún así suela pensarse que a los ricos y poderosos todo les queda bien, por lo pronto, y al decir del vulgo, al presidente de la SIP le tocará "comer embolao", lo cual, sin duda, es recíproco para Gina. Al fin y al cabo se entiende que las suyas son familias con bastante lustre.
Fotos publicadas por la Revista Caras.

2 comentarios:

GUILLERMO ARIAS BLANCO dijo...

cada cual es feliz como quiera serlo,...lo demás es bochinche.

Fernando Pineda Urrego dijo...

LES DEDICO ESTA CON CARIÑO https://www.youtube.com/watch?v=ALpanyBcEFI