miércoles, 14 de julio de 2010

El drama de la obesidad

CHICAGO, Illinois, EE.UU., 14 de julio de 2010 (AP) - Paris Woods no es una niña obesa. Pero le pasa raspando, y sabe lo que es luchar contra el exceso de peso.

Su médico dice que en cualquier momento puede sumarse a las filas de las niñas obesas y correr peligro de contraer enfermedades típicas de los adultos, como diabetes, bloqueo de las arterias y problemas del hígado. Esos males, lo mismo que el colesterol y la hipertensión, son cada vez más frecuentes en los adolescentes.

El doctor la convenció de que participase en un programa intensivo experimental de un año, en el que nutricionistas, entrenadores y un médico enseñan a cambiar el estilo de vida por uno más saludable.

Paris hizo lo que pudo. Tuvo tropezones y un programa de 12 meses se convirtió en uno de 20. Pero nunca se entregó. Su experiencia es la misma por que atraviesan numerosos adolescentes.
Paris vive en un barrio de personas mayormente negras de clase media en el que no hay muchas opciones alimenticias. Abunda la comida rápida y a Paris le gusta el pollo frito, las hamburguesas con tocino y los chocolates. Le falta fuerza de voluntad. Pero hace natación, y eso ayuda.

Sus padres, Dinah y Parris Woods, dicen que Paris no puede quedarse cruzada de brazos. Tiene que combatir la obesidad.

Paris se desarrolló tempranamente y sus amigos se burlaron por su busto incipiente y sus hombros de nadadora. Comenzó a subir de peso a los diez años aproximadamente. "Me decían gorda", comenta la niña. Eso la inhibió.

Usa dos trajes de baño para disimular sus curvas, por más que eso le reste velocidad.
Disfruta la piscina. Cuando avanza por el agua a fuerza de brazadas, nadie le hace bromas ni le habla de lo que come. "No sientes ningún estrés", afirma.

Dos hermanas de Paris que van a la universidad engordaron siendo adolescentes.

El médico de la familia le recomendó a los padres que pusiesen a Paris en un programa experimental de un año en el Centro Médico de la Universidad Rush para evitar que ella corriese la misma suerte. Los padres también debían enrolarse. Los padres de Paris, que son obesos, aceptaron de buena gana.

Paris medía 1,5 metros y pesaba 72 kilos (cinco pies, cuatro pulgadas, 158 libras), nueve kilos (20 libras) más que el peso normal para una niña como ella.

Una hermana se hizo vegetariana y la familia decidió imitarla. El programa no requiere una dieta específica, pero recomienda granos, frutas y vegetales, y que se eviten las grasas. Se le enseña a los pacientes a leer las etiquetas de las comidas y a comer tres veces al día.

La idea es que aprendan a comer bien para tener un estilo de vida saludable. La madre de Paris comenzó a experimentar con tofu, nueces y queso de soja.

El cambio en los hábitos alimenticios fue drástico. A Paris le encantaban los sándwiches de aguacate y las hamburguesa vegetarianas, que su madre le empacaba para que llevase a la escuela.

Los Woods asistían a sesiones semanales de terapia en grupo que ofrece el doctor Joyce, que incluyen media hora de ejercicios. Iban los miércoles al anochecer. No era el mejor momento, pues estaban cansados del ajetreo del día. Parris, el padre, de 46 años, trabaja como técnico de televisores para hospitales y además estudia.

Paris trata de caminar bastante, lo mismo que sus padres. Al principio, durante el verano, todo marchaba bien y al cabo de algunos meses, Paris había bajado tres kilos y medio (ocho libras) y perdido 7,6 centímetros (tres pulgadas) en la cintura. Los padres registraban progresos similares. Paris incluso dejó de comer carne.

Las cosas cambiaron al llegar el invierno. Oscurecía temprano y nadie quería salir con el frío. Poco a poco, cuando estaba con sus amigos, Paris empezó a picar de la comida de ellos. Admitió que estaba "un poco cansada" de la comida saludable.

En abril del 2009 estaba claro que Paris no lograría sus metas. De hecho había subido 2,25 kilos (cinco libras).
La familia se ausentó de varias sesiones de terapia porque tenía otras obligaciones. Pero se comprometió a completar el programa por más que le tomase más tiempo.

Paris contrajo la gripe porcina. Luego consiguió un trabajo como salvavidas en el verano. No tenía ganas ni tiempo de entrenarse o hacer ejercicio. La comida chatarra, siempre tentadora, la atraía cada vez más y seguía subiendo de peso. Se sentía avergonzada, decepcionada, y quería salirse del programa.

Pero volvió después de dejar el trabajo del verano como salvavidas. Mantener una dieta saludable y hacer ejercicios siguió siendo una batalla constante para Paris y sus padres. El proceso de admisión en la universidad fue otro causante de estrés para la muchacha.

Luego de casi dos años en el programa, a principios del 2010, Paris pesaba 77,4 kilos (170 libras). Doce libras más que cuando empezó. Las medidas de la cintura eran las mismas.
Paris se sintió desencantada.

El doctor Joyce, en cambio, dice que no fue todo tiempo perdido, pues Paris pudo haber subido mucho más de peso y sigue sin ser obesa. El padre de Paris subió algún kilito, pero su cintura disminuyó. La cintura de la madre perdió 15 centímetros (seis pulgadas).

La experiencia de los Woods confirma lo que ya se sabe: bajar de peso no es fácil. Joyce dice que los chicos deben comprender que se requiere un cambio radical en el estilo de vida. "McDonald's y Burger King no tienen la culpa. Es uno el que elige ir a esos sitios", expresó.