lunes, 11 de agosto de 2008

El otro Tíbet

El peor atentado en una década recordó que para el gobierno chino la mayor amenaza a los Olímpicos la constituye otra perseguida minoría étnica: los uigures. ¿Quiénes son?

La semana de la esperada ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, el atentado que acabó con la vida de 16 policías, cuando dos hombres atacaron en un camión un puesto de control en Asia central, aumentó las alertas de seguridad en la cita orbital. Fue el incidente más sangriento en una década. Según el Partido Comunista, estos juegos enfrentan la mayor amenaza terrorista de la historia y, aunque el incidente del lunes ocurrió a unos 4.000 kilómetros de Beijing, en la provincia de Xinjiang, varios funcionarios han dicho que el terrorismo de los separatistas uigures en esa región es su principal amenaza.

El gobierno chino no ha ahorrado recursos para blindar los Olímpicos, su gran vitrina para exhibir al mundo su promovido "ascenso pacífico" como potencia planetaria: ha movilizado unos 110.000 policías sólo en Beijing, instaló al menos 300.000 cámaras espías en la ciudad y ubicó misiles tierra-aire alrededor de los estadios. China considera que Xinjiang es su propio frente de la guerra contra el terrorismo. Y aunque el gobierno asegura que se trata de grupos islamistas de alcance internacional vinculados con Al Qaeda, muy pocos hablan de la causa de los uigures, una minoría étnica más desconocida, por ejemplo, que los tibetanos.

Los casi nueve millones de uigures son mayoría entre los 20 millones de habitantes de la región autónoma del Xinjiang Uigur, que se encuentra al noroeste de China y ocupa una sexta parte de su territorio (ver mapa). Las calles de Kashgar, Urumqi o Khotan, las principales ciudades, tienen a primera vista mucho más en común con Kabul, la capital de Afganistán, que con China, pues se trata de una comunidad musulmana de lengua túrquica, vinculada con Asia central, donde muchos resienten el dominio de Beijing, pues lo consideran imperialismo. Esa idea se sustenta en los breves períodos de independencia que han disfrutado en su historia reciente.

En 1933, los rebeldes crearon la República Islámica de Turkestán Oriental (también conocida como Uiguristán o Primera República de Turkestán). China recuperó el territorio al año siguiente. Pero en 1944 las fuerzas independentistas volvieron a declarar la independencia, y en esta ocasión bajo el auspicio de la Unión Soviética. Los uigures crearon entonces la Segunda República de Turkestán Oriental pero, con el ascenso de la República Popular, el gobierno de Beijing recuperó el control y declaró la región una provincia china en 1949.

Aunque estos episodios están prohibidos en la historia oficial, los uigures los conocen y muchos los recuerdan con añoranza. Por supuesto, para el Partido Comunista, Xinjiang ha sido, desde antes de Cristo, "parte inseparable la nación unitaria multiétnica china". Durante los años 90, tras el colapso de la Unión Soviética, que trajo la creación de nuevos países en Asia central, el nacionalismo uigur adquirió nuevo impulso. Los ataques de grupos separatistas se hicieron frecuentes, especialmente del Movimiento Islámico de Turkestán Oriental (Etim, por su sigla en inglés), considerado terrorista por China, Estados Unidos y la ONU.

Beijing asegura que está ligado a Al Qaeda y, después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, ha vinculado su búsqueda de terroristas y separatistas a la guerra contra el terrorismo.Y es que Xinjiang tiene un inmenso valor estratégico no sólo por su tamaño, sino también por su riqueza en minerales y petróleo, pero limita con algunos de los países más explosivos del mundo, como Pakistán y Afganistán.

Beijing teme esas porosas fronteras, pues en los 80 y 90 algunos independentistas uigures se entrenaron con los talibanes e incluso 22 terminaron presos en Guantánamo. A eso se suma que en los últimos meses, la prensa oficial ha reportado varios incidentes relacionados con el independentismo uigur, como el arresto de 82 sospechosos de querer sabotear los Olímpicos con actos terroristas, o la acusación de que una mujer quería hacer estallar un vuelo comercial. Sin embargo, para muchos analistas China exagera la amenaza terrorista para justificar la represión de los uigures y elimina la distinción entre actos violentos y disidencia pacífica.

Si el ataque del lunes, del que los dos responsables fueron arrestados, es el peor en una década, eso demuestra que no es un movimiento bien organizado. Muchos observadores, incluso, no ven claros los vínculos con el islamismo radical. La amenaza real es difícil de valorar. "Según Beijing, son una red muy fuerte conectada con Al Qaeda y hay numerosos grupos que representan una amenaza inminente y grave, pero nunca ha demostrado que sea así. Los informes chinos sobre el terreno no se corresponden con una realidad. Por ejemplo, es casi imposible encontrar militantes del Etim, ni siquiera en los países vecinos", dijo a SEMANA Nicolás de Pedro, experto en Asia central del observatorio de Política Exterior Española de la Fundación Alternativas.

La verdadera analogía de los uigures no sería con Al Qaeda, sino con el Tíbet. Aunque el Partido Comunista habla de una sociedad armoniosa y multiétnica, los conflictos étnicos en China se esconden bajo la alfombra. En 2005, Human Rigths Watch (HRW) denunció una aplastante campaña de represión contra los musulmanes uigur chinos en nombre del antiterrorismo. Según ese informe, el gobierno niega la libertad religiosa y por añadidura la libertad de asociación, asamblea y expresión a los uigures.

"La situación no difiere de la del Tíbet, donde el gobierno chino intenta remodelar una religión para controlar una minoría étnica", dijo en su momento Brad Adams, director para Asia de HRW. Como los tibetanos, los uigures son tratados como ciudadanos de segunda y temen convertirse en minoría en su propia tierra.Desde tiempos imperiales, el gobierno chino ha tratado de establecer en su periferia la etnia han, la mayoritaria, para integrar esas regiones al poder central. Y esa ha sido la política en Xinjiang. Beijing ha promovido la migración de los han, que pasaron del 6 al 41 por ciento en tres décadas. Y los han tienden a ser más ricos, lo que algunos observadores atribuyen a prácticas laborales discriminatorias, lo cual genera tensiones.

En 2006, por ejemplo, 800 de 840 puestos en el servicio público de la provincia fueron reservados para los han. El gobierno asegura que son políticas para incentivar el desarrollo económico, no el cambio étnico, pues es difícil encontrar gente preparada en la región. Según explica de Pedro, el gobierno trata de "significar Xinjiang, anular los uigures, asimilarlos o excluirlos del proceso de desarrollo".

A costa de un creciente descontento, Beijing ha consolidado su dominio, pero el conflicto está lejos de ser resuelto. Sin embargo, a diferencia del Tíbet, la causa uigur no es popular en el nivel internacional, por varias razones: para empezar, históricamente no han estado unidos y carecen de un líder carismático como el Dalai Lama. En general, se considera una causa musulmana y, por lo tanto, menos vendible, a la que no ayuda la etiqueta de terroristas. Y, por supuesto, todo el mundo quiere hacer negocios con China, el gran poder emergente.

Revista "Semana", agosto 9 de 2008.

"Yo, antiuribista"

Los colombianos que no apoyan al presidente Uribe parecen una especie en vía de extinción. Antes eran el 30 por ciento y ahora son el 10. ¿Cómo es la vida de un antiuribista?

En el costado derecho de la página web de la Presidencia de la República hay un calendario que día a día descuenta el tiempo que falta para terminar el mandato del presidente Uribe: "Trabajamos con sentido de urgencia, nos quedan 729 días", decía el viernes pasado. Lo que podría ser simplemente un detalle creativo que resalta el trabajo incansable del gobierno, para un grupo de colombianos tiene otro significado: los días que faltan para que acabe su 'tortura'. Se trata de los antiuribistas. Ese reducido porcentaje que marcan las encuestas, que son los críticos del presidente Álvaro Uribe y que no creen en las bondades de sus políticas o de cada uno de sus actos y oraciones.

Esta especie de colombianos en vía de extinción (antes el 30 por ciento, y ahora, el 10 por ciento) están desperdigados en todos los sectores sociales y las actividades económicas. Los hay entre los más pobres, en particular a los que no les ha llegado nada, hasta los más ricos, a los que les ha llegado tanto, que se avergüenzan. Unos, intelectuales y académicos que se pellizcan incrédulos para comprobar que realmente les está tocando vivir esto; y también existen los que en solitario se enferman con Uribe y se tapan los ojos para no oler, ni ver, ni oír porque nada pueden hacer. Sin contar con los que están en la oposición política, que es un tipo de antiuribismo más frentero y llevadero.

Conscientes de su distancia con las masas, los antiuribistas tienen una vida amarga. Levantarse por las mañanas es empezar a vivir la pesadilla. Uribe en la radio, Uribe en la prensa, Uribe en Internet. Uribe y uribistas por todas partes y para siempre, como una cadena perpetua. Pero ¿por qué puede llegar a ser tan difícil pensar distinto en un país democrático, libre y en pleno siglo XXI? Pocos se lanzan a dar la respuesta libremente y con la frente en alto.

Por lo menos ocho de las personas entrevistadas para este artículo manifestaron su antiuribismo total, pero al tiempo se negaron a ser citados con nombre y apellido. Un consultor de temas económicos internacionales, un gerente de una empresa de comunicaciones y lobby; un contratista de obras civiles del Estado; un sacerdote y académico; una funcionaria del Estado y hasta un caricaturista. Ninguno quiso "meterse en problemas" por contar cómo son su vida y su trabajo en el país de las mayorías uribistas. La razón para ocultar su identidad es en esencia la misma: todos tienen un jefe, un cliente, un amigo o una familia que puede tomar mal el hecho de aparecer en una revista confesando públicamente su antiuribismo.

En otros casos la prevención está ligada a temor por su seguridad: creen que al declararse 'anti', cualquier fanático podría atacarlos."Es que la seguridad democrática va contra la democracia", dice Guillermo Hoyos, director del Instituto Pensar de la Universidad Javeriana. Él, que es un antiuribista que habla sin tapujos y con foto, está convencido de que lo más complicado del Presidente es que desactivó el compromiso civil de poder opinar lo que se quiere: "Uribe desmovilizó el 100 por ciento del sentido ciudadano de la participación democrática, que es el sentido de la diferencia".

Hoyos, filósofo y especialista en temas de ética política, dedica buena parte de su tiempo a analizar las actuaciones del Presidente de las que informan los medios, y ahí le nace otra preocupación. "Los medios no se cansan de seguirlo y de lisonjearlo y de ensalzarlo. De lo que no se dan cuenta es de que una democracia no necesita héroes, necesita el bien común y el Estado de derecho". El antiuribista se reconoce como minoría y como tal actúa y organiza la cotidianidad de su vida. Algunos llegaron a acuerdos con su familiares para evitar el tema en las conversaciones de la casa. El gerente de una multinacional de comunicaciones, por ejemplo, dejó de hablar como lo hacía con sus padres y sus hermanos porque ellos se desviven por el Presidente. Esto lo llevó a refugiarse en ambientes más acordes con su apasionado antiuribismo y desde la reelección tiene un grupo de amigos con quienes revisan los temas que les ratifican sus teorías sobre el gobierno.

"En el 90 por ciento de los casos he dado en el clavo, este gobierno tiene un discurso para cada cosa y lo utiliza a su antojo; siempre con una frase bonita y siempre para esconder una mentira o para tapar otra; lo que más me duele es que sean los más pobres, que son los más engañados, los que más lo quieren", asegura con vehemencia. De nuevo insiste en que no puede aparecer porque ya ha perdido muchos clientes por ser un antiuribista de raca mandaca.

José Fernando Isaza ha sido catalogado como uno de los cerebros más brillantes del país. Hoy está en la rectoría de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Es uno de los antiuribistas reconocidos, que desde el primer gobierno de Uribe empezó a hacer sus críticas en columnas de prensa. Isaza se sorprende a sí mismo cuando reconoce que tiene miedo. "No me da vergüenza decir que tengo miedo", repite, como cayendo en cuenta de la profundidad de su frase. "El fanatismo es lo peor".Ese miedo está sustentado en lo que para él representa este gobierno: la militarización de la sociedad, la descalificación de las voces que ponen el dedo en la llaga, el señalamiento de terrorista al que plantee el camino del diálogo. Isaza dice que hay que decirlo así: existe un odio por los que quieren mirar otro matiz de la realidad nacional. Siente ese odio en el nivel personal, y su familia vive una gran preocupación por él y por su integridad. "Es un asunto serio, más de lo que usted se imagina", sentencia.

Otra cara es la del antiuribismo en la política, del que es un buen ejemplo la senadora Cecilia López. Para la ex ministra, vivir en la oposición es un estímulo intelectual y en eso ha convertido este momento de su vida: más estudio, más lectura, más análisis. "Es mejor ejercer el antiuribismo desde la política quee desde la sociedad civil. Aquí uno tiene como defenderse, pero afuera, ¿uno que puede hacer?".

Lo que sí es igual en ambos escenarios, el público y el privado, es el sufrimiento de su hija, quien le administra su página en Internet. "Para ella es muy difícil, vive en Estados Unidos y desde allá lee los insultos de los foros, las amenazas que me hacen las Águilas Negras, y todo lo que dicen de mí, por ser una opositora del gobierno; ella no ha podido manejarlo". La distancia de esta senadora con el gobierno radica en la política social, el tratamiento de los temas del agro y los desplazados. Y pese a que dice que algunos ministros la escuchan, en su vida personal las cosas han cambiado. "No voy a nada social, es muy agresivo el ambiente en todas partes y son diálogos de sordos, la gente no oye, no respeta, sólo dicen que están felices porque ya pueden ir a Anapoima".

Cuando el Presidente cumple seis años en el poder y tiene todavía tantos números a su favor, para los antiuribistas el camino aún es más largo. Los 729 días que marca el calendario para el 7 de agosto de 2010 no son pocos para ellos. Y como desconfían tanto de cada acto del gobernante, creen que ese calendario está ahí para despistar a los que aún no creen que se lanza para otro período. Algunos tienen la decisión tomada de salir del país en caso de que eso suceda: "Cuatro años más de desgaste personal para nada, no quiero vivirlos", asegura uno de los 'anti' que no puede dar su nombre. Otros, por el contrario, están dispuestos a dar la pelea hasta el final para demostrar que tenían razón. "Yo me quedo porque pronto se verá que Uribe va dejar el país acabado, con la ética por el suelo, con los bandidos en el poder y más pobre que nunca".Lo cierto es que el antiuribismo existe, no sólo en las posturas ideológicas con las que siempre se identifica, sino que es muy variado en sus orígenes, sabores y colores. Y sí piensan así y esto es una democracia, están en todo su derecho.

Revista Semana, agosto 9/2008.

La gilitud nacional

Colombia tiene al mejor policía del mundo, la democracia más antigua de América, el segundo himno más bello después de la Marsellesa, el mayor potencial hídrico del planeta o que sus habitantes hablan el español más castizo, son algunas de las falacias más populares y más arraigadas en la convicción colectiva, y con las cuales han crecido, orgullosas, varias generaciones de colombianos.

Con semejantes delirios de grandeza, no resulta extraño ver una lluvia de plomo originada por colombianos en algún antro de Barcelona, Buenos Aires o Nueva York, todo porque algún interlocutor de ocasión tuvo la osadía de controvertir aquellos u otros superlativos que inflaman un infundado concepto de nacionalismo, y que han hecho carrera a través de los tiempos.

"¡Jueputas, no hay nada como la cumbia!", es usual escuchar de un tambaleante individuo que sin pausa ha bebido dos o tres botellas, y que, prevalido de su revólver, amenaza con volarle los sesos al primero que lo ponga en duda o que argumente lo contrario.


(Sin terminar)

viernes, 1 de agosto de 2008

jueves, 31 de julio de 2008

República de Nauru

La República de Nauru (en nauruano, Ripublik Naoero; en inglés, Republic of Nauru), es un estado de Micronesia, situado en el Océano Pacífico central, que comprende una sola isla justo al sur de la línea del Ecuador. Limita al norte con los Estados Federados de Micronesia, al este con Kiribati, al sur con las Islas Salomón y al oeste con Papúa Nueva Guinea. A 4.000 km al suroeste se encuentra Australia. Es un atolón de forma oval, elevado, escarpado en su orilla marina y con arenosas playas intercaladas con montículos coralinos en su orilla interior, y con una superficie de 21 km².
Gran parte de su prosperidad se debió a la explotación de los depósitos de
fosfato que se encuentran en la isla y cuyo origen es disputado: podrían ser depósitos de guano acumulados durante miles de años o podrían ser de origen marino. El fosfato se utiliza como fertilizante y la mayoría del producido en la isla es exportado hacia Australia. Con la cercana extinción de las reservas de fosfato, Nauru hace frente a un futuro económico poco claro y bastante incierto. Parte de la riqueza obtenida con la explotación de este recurso fue colocada como fideicomiso para el futuro. Tras haber acumulado hasta 2.000 millones de dólares estadounidenses, la mala calidad de las inversiones escogidas y su utilización para completar presupuestos deficitarios año tras año ha hecho mermar los ahorros y en 2004 el restante fue vendido para cancelar su deuda externa. Actualmente en Nauru se encuentra un centro de detención de refugiados, bajo el control de Australia.

miércoles, 23 de julio de 2008

El aburrimiento del periodismo de Internet

Sí, ya sabemos que el periodismo como se hacía está en crisis total y que Internet es el futuro que ya llegó, sabemos que el periodismo digital es lo que hay que hacer, pero no se sabe cómo. El periodismo de Internet se ha convertido en el único periodismo que se puede hacer porque la radio, la tele y la prensa imitan a Internet. El resultado: el periodismo actual aburre, nada imagina, poco sirve para la vida cotidiana y está mal escrito.Las cosas que sabemos del periodismo actual De tanto oír a los investigadores, a los expertos en realidad, a los periodistas viajeros, a las frases fáciles de mercadeo, uno terminó convencido de ciertas verdades irrefutables sobre el periodismo en los tiempos de Internet. Uno sabe, por ejemplo, que los medios periodísticos habitan una crisis de credibilidad, legitimidad y narración y que por eso la gente prefiere la ficción y el entretenimiento al estar informados. Uno sabe que cada vez más los medios de información importan menos, que los jóvenes no leen, que las telenovelas duplican en rating a los informativos, que los periódicos descienden en ventas; menos mal que los políticos y gobernantes leen la prensa.Uno sabe que la revolución se llama los medios digitales y las comunidades virtuales y que el periodista, en todas estas, viene sobrando porque se piensa “on line”; se vive en la egoteca de la propia opinión llamada blog y se celebran las nuevas comunidades juntadas por la tecnología a lo facebook. Uno sabe que hoy no es necesario saber escribir porque todo es conectivo, sólo bastan los fragmentos y los links y listo: habemus información. Así, el lenguaje debe ser el de las audiencias, el pensar es el de la gente, los temas son on demand. Si todo esto que uno sabe es cierto, no se necesitan periodistas intérpretes, ni escritores, ni mediadores; se requiere con urgencia periodistas que sepan manejar todas las tecnologías y la convergencia digital.La paradoja está en que los gurúes concluyen que el asunto para el éxito del periodismo no es nada de lo de mencionado arriba, sino todo lo contrario, eso que viene del viejo periodismo: los contenidos. ¿Será cierto?
No, los contenidos no importan. Si el contenido importara, no habría que pensar “on line”, ni trabajar “on demand”, ni saber de todas las tecnologías, ni abusar del “yoísmo”, ni de nada de lo mencionado. Si el contenido importara habría buenas y únicas historias, cada medio buscaría tener una agenda propia, se intentaría el escurridizo punto de vista diferente para ofrecer nuevos marcos interpretativos, de seguro se le encontraría poesía al mundo de la vida, por supuesto se escribiría con cuidado y emoción y cada periodista dejaría de ser masa para buscar su propio estilo.Pero no, lo que los weblólogos llaman contenido no es contenido. El contenido no es eso que uno conocía como ideas, reflexiones, historias, personajes, agendas. No, contenidos en los medios digitales son formatos, secciones, comunidades, interactividades, fragmentos. Los contenidos han devenido lo superfluo, los modos de seducir a los perdidos navegadores de la red. El artificio ha triunfado, la nada ha llegado a ser todo el contenido posible. El resultado: un periodismo escrito, audiovisual y radial aburrido. Y un periodismo digital confuso y caótico. La calidad periodística se ha reducido. Se escribe mal, se fotografía peor, se narra perverso, el video ilustra o registra; la responsabilidad ética desaparece; la publicidad intrusiva abunda. Todo se puede, nada se comunica.Las cosas del periodismo del futuro Menos mal, ante toda avalancha de moda siempre hay resistencias y cada vez existen más periodistas contestatarios (¡más periodistas que medios!) que no se contentan con esas fórmulas de mercadotecnia digital. Y estos periodistas están avizorando que la cosa es por otro periodismo, uno que usando las tecnologías se parece más al viejo y uno más cercano a la emoción, porque puede narrar bien en diversos formatos. Esos periodistas atrevidos enfatizan que el periodismo es, desde siempre, una máquina de contar historias; que generar punto de vista y criterio para comprender el mundo de la vida es lo que requerimos; que no hay que fragmentar por devoción, sino usar cada dispositivo narrativo (fotos, videos, audios, palabras, diseño) para ganar en historias; que no porque la pantalla tenga más es mejor.El periodismo digital y el escrito y el radial y el televisivo y el comunitario debe comprender que el asunto no es de mercadeo, ni de tecnologías, ni de contenidos, sino de narración. El periodismo debe seguir siendo la fuente de la conversación colectiva para la minoría que quiere saber del mundo. Para los demás están las comunidades de mercadeo de la llamados Facebook, MySpace, Hi-Fi, Second Life.

Por Omar Rincón, Docente e investigador de las universidades de los Andes y Javeriana (Colombia).

Revista Semana. Julio 23 de 2008.

Pussycat Dolls


miércoles, 19 de septiembre de 2007

viernes, 30 de marzo de 2007

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